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Documentación > Arxiu Històric > Galerías Fotográficas > El Montseny > Artículo de Miquel Galmes

La fotografía como recuerdo

Texto: Miquel Galmes i Creus. Presidente del Institut d'Estudis Fotogràfics de Catalunya

Galería Fotográfica: Tras los pasos de Artur Osona Galería fotográfica

De los albores de la fotografía, encontrarlas que ilustren alguna que otra comarca es verdaderamente raro, ya que su producción estaba llena de dificultades y fracasos que hacían que su supervivencia fuera escasa.

El fotógrafo, principalmente el profesional, encontró con la especialidad del retrato su camino y dejó de lado sus otras aplicaciones.

La aparición del Colodión como materia prima para emulsionar las planchas de vidrio, que posteriormente el propio fotógrafo sensibilizaría con un halógeno de plata adecuado, propició que la fotografía, de una vez por todas, saliera de la galería o estudio del fotógrafo.

Un nuevo camino se abría para el amante de la naturaleza y para el curioso viajero que quería recordar y/o transmitir sus experiencias mostrando las imágenes obtenidas con su cámara, dando fe de las vivencias pasadas.

Pero las tecnologías de la primera época no eran principalmente propicias. Las cámaras llamadas de campaña estaban fabricadas con madera, las más pequeñas utilizando placas de vidrio de 13 por 18 centímetros. Lógicamente, necesitaban un trípode para aguantarlas y estabilizarlas, una bolsa donde guardar los chasis con el material sensible y otros útiles que eran parte de su equipaje. En conjunto un peso respetable que, podríamos decir, hace que estos fotógrafos pioneros fueran verdaderos héroes de la comunicación visual.

Lógicamente una aplicación lucrativa fue contraponerse a esta visión idealizada. La producción y comercialización, por fotógrafos profesionales y por compañías editoras, de fotografías de lugares singulares, exóticos o simplemente de emplazamientos tradicionalmente turísticos invitaban a los visitantes a adquirirlas para disfrutar de su recuerdo.

Pero el gran salto hacia un uso más amplio de la Fotografía-Recuerdo sería, sin ninguna duda, a partir de la Exposición Universal de París del año 1900, en donde se presentan nuevas tecnologías y nuevos aparatos de formatos reducidos y menos pesados que permiten al aficionado disfrutar del placer fotografiar sus vivencias. Una técnica ya existente en el último tercio del siglo XIX, la estereoscopía, ya contemporizaba con la fotografía monoscópica, pero también con el cambio de siglo esta modalidad toma impulso y los principales fabricantes de cámaras apuestan por esta modalidad. La fotografía estereoscópica ocupa su lugar principalmente entre la clase acomodada.

La muestra expuesta de la producción del aficionado Eduard Monteys son fotografías estereoscópicas, de las que por razones obvias solo se ha reproducido un único fotograma, y las imágenes monoscópicas captadas por Albert Bellòs y Francesc Boada Nogués ilustran con creces esta vertiente más lúdica del excursionismo y la fotografía.

Pero la industria editora no se quedará al margen de la nueva situación, editores de Fotografía-Recuerdo producirán fotos estereoscópicas para el mercado del turismo. Las nuevas tecnologías en el arte de la impresión permitirán la producció, de un nuevo producto: la Tarjeta Postal. Modalidad de correspondencia promovida por el esdado austriaco en el aoñ 1869 y adaptada paulatinamente por el resto de países. Este nuevo producto, a partir del final del siglo XIX, dará a corto plazo paso a un nuevo mercado y al mismo tiempo a una nueva especialidad dentro de la fotografía profesional.

En Catalunya uno de los primeros editores de postales fue la Fototípia Thomas, que sacó al mercado su primera col·ección de postales en el año 1901.

En el año 1905 el editor Angel Toldrá Viazo entraría dentro de este mercado, siendo un referente hoy en día en el coleccionismo cartofílico.

Un último referente en la producció de la Foto-Postal es sin duda el fotógrafo Lucien Roisin que se estableció en Barcelona a principios del siglo XX. Fue el gran editor de postales, con un fondo documental que cubre prácticamente todas las localidades con cierto interés turístico. Su primera producción fue hacia el año 1910.

La exposición que se presenta conjuga la vertiente del fotógrafo profesional y la del aficionado bajo un un común denominador: su visión de un macizo que es un referente en el mundo excursionista y turístico de nuestro país. Al mismo tiempo, quiere rendir homenaje al hombre que hizo posible que hoy tengamos caminos para subir a su cima, Artur Osona.

PS. Los fondos fotográficos de la Fototípia Thomas, del editor fotógrafo Lucien Roisin, el fondo de Eduard Monteys y de Albert Bellós Agulló están dipositados en el Arxiu Històric Fotogràfic de l'IEFC.


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