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Documentación > Arxiu Històric Fotogràfic > Galerías Fotográficas > El turismo en Europa hace cien años

El turismo en Europa hace cien años. Fotografías del Museu Frederic Marès y del IEFC

Texto: Pep Parer

Galería Fotográfica Galería fotográfica

Los antecedentes

Cámara estereoscópica conservada 
en la Sala de Fotografía del Museo Frederic Marés
Cámara estereoscópica conservada en la
Sala de Fotografía del Museo Frederic
Marés - MFM S-6351

La estereoscopía fue durante muchos años una de las variedades de la fotografía que más seguidores tuvo y que más negocio generó. Profesionales y aficionados, atraídos per la fascinación de las tres dimensiones, producían y solicitaban imágenes que les permitieran ver el mundo tal y como era.

Haciendo un poco de historia diremos que el fenómeno de la estereoscopía se basa en la visión binocular que el género humano tiene. No es tanto el hecho de tener dos ojos, como la disposición y la distancia de los mismos: en paralelo y a unos 6 centímetros y medio el uno del otro. La pequeña diferencia entre las does imágenes del mismo motivo que reciben nuestros ojos, es lo que nos permite percibir la sensación de profundidad, la que nos ayuda a calcular distancias y ver el volumen de las cosas que nos rodean.

Y la estereoscopía sigue este principio. Este fenómeno reconocido y estudiado desde la antigüedad (desde Euclides en el s.III a.C, pasando por Leonardo da Vinci o por Kepler en el s.XVII), encontró una aplicación práctica con la aparición del primer estereoscopio propuesto por el físico británico Charles Wheatstone el 1838, que con unos dibujos de objetos, vistos desde dos puntos de vista ligeramente diferentes, conseguía reproducir el fenómeno de la visión en tres dimensiones.

Pero no es hasta la invención de la fotografía que este divertimento científico toma el impulso definitivo para ser realmente práctico y reconocido. El 1851, doce años después de la aparición de la fotografía, Louis Jules Duboscq introduce comercialmente en París un aparato estereoscópico acompañado de pares de imágenes sobre daguerrotipo, que tienen un éxito inmediato. El fenómeno se extiende en seguida al resto de Europa y a los Estados Unidos, apareciendo nuevas patentes que se abren paso y imponen las imágenes estereoscópicas como un medio de comunicación y entretenimento moderno y eficaz.

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La moda de la fotografía estereoscópica

Visor estereoscópico de sobremesa 
conservado en la Sala de Fotografía del 
Museo Frederic Marés
Visor estereoscópico de sobremesa
conservado en la Sala de las Diversiones
del Museo Frederic Marés - MFM-S-10391

A mediados del s.XIX el mundo está en plena revolución tecnológica e industrial y la demanda de conocimiento es creciente. La gente quiere saber cómo es el mundo que le rodea y la fotografía da a la sociedad aquello que pide. La fotografía de viajes, las vistas de ciudades, los álbumes singulares, la aparición de la prensa ilustrada y también la fotografía realista y cautivadora de la estereoscopía son el medio para conseguirlo.

Muchos fotógrafos profesionales se suman y ofrecen la estereoscopía como un servicio más de su oficio. Pronto salen a la calle y empiezan a nutrir la reciente industria de la edición de imágenes estereoscópicas que las clases acomodadas y también las populares compran y coleccionan con avidez. Aparecen empresas editoras que hacen tirajes sobre papel fotográfico montado sobre cartón de series coleccionables sobre países lejanos, ciudades, paisajes, oficios... pero también de recreaciones literarias y morales. Per poco dinero y un estereoscopo, el aparato para poder visionar las imágenes, la gente se ilustra, aprende y se distrae. Algún autor califica el fenómeno de este período como la televisión victoriana del momento, refiriéndose a la afición que muchos ciudadanos de todo el mundo -con un interés transversal, que sentían tanto las clases ricas como las más modestas- tenían por el invento. Era normal pues, que para pasar la tarde, la gente con un cierto acomodamiento social –profesionals, tenderos, empresarios, propietarios...- se reuniesen para merendar y ver vistas, comentando y discutiendo sobre lo que veían, fuesen las novedades de las ferias de París, o cómo vivían los indios americanos.

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Los fotógrafos amateurs

Caja para placas estereoscópicas 
conservada en el Arxiu Històric Fotogràfic 
del IEFC
Caja para placas estereoscópicas
conservada en el Arxiu Històric Fotogràfic
del IEFC

No es hasta la imposición en los mercados de la placa seca a finales del s.XIX y la estandarización técnica de los formatos y aparatos fotográficos, que el aficionado no toma parte activa en la producción de imágenes. La placa seca que evita el laborioso proceso del colodión húmedo -el más importante hasta el momento y usado casi en exclusiva por los profesionales- facilita el transporte de los equipos y evita la urgencia de procesos complejos.

Las mejoras técnicas en cámaras y ópticas, la aparición de la película plástica y la mejora de la sensibilidad de las emulsiones, abren la puerta al aficionado que ya puede hacer sus fotografías, procesarlas y disfrutarlas sin intermediarios.

Los primeros aficionados, en la última década del s.XIX, eran personas con capacidad económica suficiente y formaban parte de unas élites a veces muy selectas. Es en este momento cuando aparecen los primeros clubes y sociedades fotográficas que promueven el uso de la fotografía como fuente de conocimiento y de creación. Y ya a principios del s.XX es cuando la fotografía amateur se consolida y se conforma como parte esencial de lo que es la actividad fotográfica y una de las fuentes principales de ingresos de una industria eficaz y creciente.

La fotografía estereoscópica no quedó al margen de los aficionados. La industria ofrecía aparatos cada vez más fáciles de usar y más ligeros, y los procesos de revelado y tiraje de pruebas positivas eran también cada vez más sencillos.

Además, la fotografía estereoscópica ofrecía ciertas ventajas al aficionado frente a la fotografía convencional. La necesidad óptica para conseguir el efecto tridimensional obligaba a trabajar con placas de un tamaño relativamente pequeño, menos pesadas, y por tanto con cámaras menos aparatosas. Y para viajar el peso del equipo era un tema a considerar. Este tamaño reducido juntamente con ópticas más cortas (distancias focales entre el 50 y 80 mm), favorecían la luminosidad de los equipos y por tanto poder trabajar a mano alzada, incluso en condiciones de luz un poco pobres, disparando instantáneas de calidad. Esto daba espontaneidad a las imágenes y la posibilidad de captar gente en movimiento, actividades diversas y no tenerse que conformar con paisajes estáticos y naturalezas casi muertas.

Visor estereoscópico de mano conservado 
en la Sala de Fotografía del Museo 
Frederic Marés
Visor estereoscópico de mano conservado
en la Sala de las Diversiones del Museo
Frederic Marés - MFM S-6351

También el tiraje de positivos con copias por contacto sobre papel o sobre vidrio no requerían un utillaje ni un laboratorio especialitzado. La visión a través del estereoscopo ampliada y tridimensional compensaba el tamaño del original.

También había inconvenientes. El tamaño de los negativos no permitía retoques posteriores, cosa habitual en la fotografía convencional con placas más grandes, ni ampliaciones de mucha calidad, pues pronto se percibía el grano de la emulsión.

Así pues, el típico estereoscopista aficionado, hombre o mujer, era una persona a quien le guataba la fotografía, exigente pero no en exceso, generalmente con un cierto nivel económico, amante de las actividades al aire libre e interesado en captar los momentos de ocio con familiares y amigos, para conservar unos bonitos recuerdos. El perfil ideal del turista.

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Turismo estereoscópico: Barrie, Perdigó Cortés, Jaume Roca, Monteys... y compañía

Placas estereoscópicas viradas de la 
colección Bassas, conservadas en el Arxiu Històric Fotogràfic de l'IEFC
Placas estereoscópicas viradas de la
colección Bassas, conservadas en el Arxiu
Històric Fotogràfic de l'IEFC

Acabamos de describir las características de nuestros fotógrafos –Barrie, Perdigó Cortés, Jaume Roca y Monteys-. Veamos como actuaban, qué formatos usaban y cómo seguían con más o menos fortuna las recomendaciones que los manuales y expertos proponían para tener éxito en sus fotografías.

Los formatos utilizados por estos fotógrafos -6x13 cm y 4'5x10 cm-, nos indican su preferencia por unos equipos ligeros. Lamentablemente no conocemos de qué equipos disponían, pero podemos aventurar que podían ser aparatos franceses, los más corrientes en nuestro país, de la casa Gaumont, como el Stereo-block notes, o el Stereopide, o aparatos de la casa Richard, el famoso Verascope o el popularísimo Glyfoscope. Estos aparatos compartían mercado con otras marcas, como las alemanas Enerman o Ica, o las cámaras Nettel, y también cámaras de formatos diferentes, como la americana Stereo Kodak Camera de Kodak, que utilizaba película en rollo o la cámaras inglesa Royal Rubi Stereo Camera de la casa Torthon-Pickard, las dos para formatos 10x15.

En el momento de la toma, los manuales recomiendan como indispensable tener un primer plano bien definido -un objeto, árbol o persona en primer plano- cosa que ayudará a aumentar la percepción de relieve en el visonado de las imágenes. La razón es sencilla de entender. La percepción de profundidad de las personas se pierde a medida que la distancia entre el observador y los objetos es más grande. A partir de unos 200 metros no podemos percibir la profundidad de las cosas con claridad, y las ópticas de las cámaras estereoscópicas disminuyen todavía más esta distancia (hasta los 30 metros). Por esto no se recomendaba fotografiar paisajes lejanos o monumentos distantes, sin elementos cercanos al fotógrafo ya que el resultado serán imágenes planas y poco efectistas. Aquí nuestros fotógrafos siguen más o menos las normas, aunque no tienen problema en hacer planos generales o paisajes extensos.

Los expertos aconsejan exponer con luz natural, intensa si puede ser, y con placas de emulsión rápida. La razón de esta recomendación es poder trabajar con unas aperturas de diafragma pequeñas para ganar definición ya que los diafragmas pequeños favorecen el enfoque en la mayoría de planos y por tanto la definición de los objetos; disparando con velocidades de obturación rápidas para evitar imágenes movidas. Volviendo a nuestros fotógrafos, vemos como la mayoría de imágenes son en el exterior o en interiores bien iluminados. En algunos casos se han quedado cortos de exposición, pero aún obteniendo imágenes muy grises o oscuras en algunas zonas, son toleradas y forman parte de la colección, por el tema o el recuerdo representado.

Nuestros fotógrafos hacían sus positivos sobre placa de vidrio, para poder ser vistos con luz transmitica con los estereoscopos. Para mejorar el efecto de las escenas en algunos casos daban color con virajes o tinturas de colores como el marrón, el verde, el azul o el rojo. Unos más y otros menos, los fotógrafos amateurs de la época eran amantes también de todo lo que comportaba el laboratorio y la química fotográfica. Con fórmulas sencillas y un poco de constancia, el aficionado podía disfrutar de efectos riquísimos y de una experiencia gratificante y divertida, y además, compartida. Tenemos que tener presente que la estereoscopía y la fotografía amateur en general tiene un sentido pleno como experiencia en grupo. El efecto socializador en el ámbito familiar y de amistades es evidente. La fotografía es un punto de unión, un punto de encuentro de intereses compartidos e intergeneracional, donde el recuerdo y la experiencia de los mayores alecciona a los más pequeños.

Y una característica importante, almenos entre los fotógrafos que os presentamos, y que dice mucho de ellos, es la pulcritud, constancia y metodología que demuestran conservando los datos para reconocer las vistas y los motivos retratados. Y lo vemos en las inscripciones con tinta hechas sobre las mismas placas, en las cajas donde guardaban las imágenes, y, en algunos casos, en el registro escrito que se ha conservado, apuntando lugares, personas, años...

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De divertimento a documento histórico

Hoja índice del Fondo Jaume Roca conservado en el Arxiu Històric Fotogràfic del IEFC
Hoja índice del Fondo Jaume Roca
conservado en el Arxiu Històric
Fotogràfic del IEFC

Han pasado los años y aquello que en el ámbito familiar era recuerdo ha pasado a ser en muchos casos patrimonio de todos. Son muchos los archivos y museos que tienen como parte de sus fondos colecciones de placas estereoscópicas, que durante muchos años se han conservado casi en el anonimato porque técnicamente las imágenes y sobretodo el efecto (la tridimensionalidad) eran difíciles de difundir.

En muchos casos, las colecciones de placas estereoscópicas son fondos de una riqueza extraordinaria, con mucha información asociada que identifica y fecha las escenas con mucha exactitud. No siempre es así, pero el carácter mismo de los fotógrafos estereoscopistas, generalmente metódicos -apuntaban los datos- nos permiten intuir que la información será más rica en este tipo de colecciones.

La aparición de la fotografía digital, nos permite ahora reproducir las imágenes de muchos fondos fotográficos históricos con una facilidad extrema, dándolos a conocer y poniéndolos al alcance de estudiosos e investigadores. Visualizar las imágenes permite poner en valor la información que contienen, y, en archivos y museos, esta tarea debe realizarse con planificación y conocimiento.

Esta galería quiere ser una muestra de este trabajo silencioso, que desde el Museo Frederic Marès y desde el Institut d'Estudis Fotogràfics de Catalunya se hace día a día. Recuperar y difundir estas colecciones fotográficas es una tarea, que sumada a la de otras instituciones, va construyendo un corpus fotográfico patrimonial rico y diverso.

 

 

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